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La caída del hombre

Adán y Eva, los precursores de toda la raza humana, fueron creados a imagen de Dios; sin embargo, ellos desobedecieron a Dios y se convirtieron en pecadores. A través de Adán, todos los hombres heredan la naturaleza del pecado y sus consecuencias, y todos están en necesidad de un Redentor (Génesis 1:27; Romanos 5:12, 19).

 

El plan de redención

Cristo murió por todos nosotros cuando todavía éramos pecadores; Él tomó el castigo por nuestro pecado. Con su propia sangre, Él compró la salvación y la redención para todos los que creen en Él (Juan 3:16; Isaías 53: 5;Tito 2:14).

 

Salvación por gracia

La salvación es totalmente un acto de la gracia de Dios que se accede a través de la fe en Jesucristo. Ninguna persona puede ser lo suficientemente bueno para ganarse la salvación, y "ser bueno" no contribuye a recibir el amor y el favor de Dios (Efesios 2: 8, 13)

 

Arrepentimiento y aceptación

Creemos que, cuando las personas se arrepienten de sus pecados y aceptan a Cristo como aquel que los puede salvar de su condición y destino espiritual, se justifican por la muerte sacrificial de Jesús en la cruz. Arrepentirse significa lamentar los pecados, pero también significa dar la espalda a un estilo de vida pecaminoso. Aceptar a Cristo significa creer en Él como el único Salvador. Ser justificado significa ser declarado "no culpable" en lo que se refiere al pecado (Romanos 10: 9-10; 1 Juan 1: 9).

 

El nuevo nacimiento

El cambio que se produce en las personas cuando éstas "nacen de nuevo" es muy real. Reciben la justicia por medio de Jesucristo, y son facultados por el Espíritu Santo; por lo tanto, vienen a tener nuevos deseos, intereses y actividades (Juan 3: 3; 2 Corintios 5:17).

 

Acepta esta realidad hoy

Todos somos creación de Dios, pero la Biblia dice que solo los que le reciben se transforman en hijos e hijas de Dios. La palabra está en tu boca y en tu corazón. Dios hoy te invita a que comiences una relación con el a través de su Hijo Jesús, quien vino a reconciliar al ser humano y a Dios. Ya no tienes que ser solo una criatura o existir sin dirección, hoy puedes ser hijo/hija recibiendo a Jesús en tu corazón:

Padre Celestial, hoy entiendo que soy pecador, que he vivido lejos de ti sin importarme lo que tu tienes para mi, tu plan y tu vida. Hoy me arrepiento. ¡Perdóname!  Reconozco que Jesús es a quien tu enviaste para salvarme y pagar el precio de mi pecado. Abro las puertas de mi corazón. Jesús, hoy te pido que entres a mi vida y seas mi Señor y Salvador. Te pido que me des una vida nueva, abundante y eterna. Gracias por salvarme. Amén.